domingo, 19 de enero de 2014
Luz
A veces todas las luces se apagan y una oscuridad de negro puro te rodea. Dejas de moverte, la quietud pasa a ser tu mejor amigo, temes caer, dañarte o perderte. Poco a poco vas dejandote caer, despacio, perdiendo las fuerzas, ya no intentas avanzar, no quieres avanzar. Volver a encender la luz es una idea que requiere demasiado esfuerzo y prefieres vivir en la oscuridad inmovil en la inmensidad de la nada. Una vez estás en el suelo y pretendes cerrar los ojos para siempre, para no volver a abrirlos jamás, un brillo lo impide. Una luz empieza a iluminar de nuevo esa nada, ese mundo oscuro, tu vida. Se acerca, y te hace levantar, no hay miedo, la oscuridad desaparece y la ocupa una claridad perfecta. No dudas en poner un pie delante del otro para seguir avanzando el largo camino, junto a ella, esa perfecta luz, un sueño. Suerte que ella no dejará nunca de iluminarte.
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